martes, 9 de julio de 2019

Yo estaba mirando a ver dónde guardaba su navaja, cuando hete aquí que coge el arpón de la esquina de la cama, retira el largo mango de madera, desenfunda la punta, la afila un poco en su bota y, dando unos pasos hasta el trozo de espejo de la pared, comienza un vigoroso raspado, o más bien arponeado, de sus mejillas. Pensé yo, Queequeg, esto es lo que se dice emplear al límite la mejor cubertería de la marca Roger. Esta operación dejó de sorprenderme posteriormente, cuando me enteré del buen acero de que está hecha la punta de un arpón, y de lo extremadamente afilados que se mantienen siempre los largos filos rectos.
El resto de su aseo se concluyó pronto, y él salió orgullosamente de la habitación, envuelto en su gran cazadora de piloto, y manejando su arpón como el bastón de mando de un mariscal.

Moby Dick - Herman Melville

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