Vestía zamarra y pantalones de piel de ciervo y calzaba untis de piel de alce. En la cabeza tenía una capucha blanca y un gorro con cola de marta cebellina. Sus cabellos habían escarchecido y su espalda también se hallaba cubierta por un poso blanco. Empecé a sacudirlo reiteradamente por el hombro. Se incorporó y se puso a quitarse la escarcha de las pestañas. Dado que no temblaba y no contraía los hombros, me quedó claro que no se había congelado.
—¿No tienes frío? —le pregunté con asombro.
—No —respondió.
Y preguntó enseguida:
—¿Qué pasa?
Los udejéis le dijeron que estaba preocupado por él y que llevaba un rato buscándolo en la oscuridad. Logada respondió que el barracón estaba atestado de gente y que no había sitio, por lo que había decidido dormir fuera. A continuación se envolvió un poco más compactamente en su zamarra, se echó sobre la hierba y de nuevo quedó dormido. Regresé al barracón y le conté a Dersú lo que sucedía.
—No pasa nada, capitán —me dijo el gold—. Esta gente no teme al frío. Él todo el rato vive en cerro, caza martas. Donde sorprende la noche, allá duerme. Su espalda todo el rato se calienta a la luna.
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
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