viernes, 5 de julio de 2019

Un pequeño abeto crecía cerca de nuestra tienda. Lo decoramos con bomboneras y carámbanos de hielo.
Por el día organizamos unos juegos en el río. Atamos dos cuerdas a una estaca incrustada en el hielo y fijamos sus cabos a los cinturones de dos hombres, a los que vendamos los ojos. A uno le pusimos en la mano una campanilla y al otro un cordón de paño. La esencia del juego consistía en que uno debía llamar con la campanilla y marcharse, mientras que el otro tenía que acercarse adonde provenía el sonido y arrear al campanero con el cordón. El juego entusiasmó a todos. Los nativos se partían de risa y se revolcaban por el suelo de tal manera que empecé a temer de veras por su salud.

Dersu Uzala - Vladimir Arseniev

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