Sin duda, el primer hombre que mató un buey fue considerado un asesino; quizá lo colgaron; y si los bueyes le hubieran sometido a juicio, qué duda cabe que lo hubieran hecho; y ciertamente que lo merecía si es que un asesino lo merece. Id a un mercado de carne una noche de sábado y mirad las multitudes de bípedos vivos que observan las largas filas de cuadrúpedos muertos. ¿No quita esa imagen un diente a la mandíbula del caníbal? ¿Caníbales? ¿Quién no es un caníbal? Os digo que será más propicio para el nativo de las Fiji que preparó en salazón a un enjuto misionero en su bodega, en previsión de la inminente hambruna… será más propicio, digo, para ese previsor nativo de las Fiji, el día del Juicio, que para vos, civilizado e ilustrado gourmet, que claváis ocas al suelo y os dais un festín con sus abotargados hígados en vuestro paté-de-foie-gras.
Mas Stubb, se come la ballena a la propia luz de ella, ¿no?, y eso es añadir afrenta al daño, ¿o no? Mirad el mango de vuestro cuchillo, mi civilizado e ilustrado gourmet que cenáis ese rosbiff, ¿de qué está hecho ese mango?… ¿de qué, sino de los huesos del hermano del mismo buey que estáis comiendo? ¿Y con qué os limpiáis los dientes después de devorar esa hermosa oca? Con una pluma del mismo ave. ¿Y con qué pluma compuso antiguamente sus circulares el secretario de la Sociedad para la Supresión de la Crueldad hacia los Gansos? Sólo hace uno o dos meses que esa sociedad aprobó una resolución para no utilizar pluma alguna que no fuera de acero.
Moby Dick - Herman Melville
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