miércoles, 10 de julio de 2019

Si en el pecho del pagano todavía acechaba algo del hielo de la indiferencia hacia mí, esta agradable y afectuosa pipa que nos fumamos pronto lo derritió, y nos hizo compadres. Él pareció aceptarme con la misma naturalidad y espontaneidad que yo a él; y cuando terminamos de fumar apretó su frente contra la mía, me agarró alrededor de la cintura, y dijo que a partir de entonces estábamos casados; queriendo decir, a la manera de su país, que éramos amigos del alma: gustosamente moriría por mí si era necesario. En alguien del país, esta repentina llama de amistad hubiera parecido excesivamente prematura, algo de lo que desconfiar en alto grado; pero en este simple salvaje esas antiguas reglas no se aplicaban.

Moby Dick - Herman Melville

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