Me pareció extraño y absolutamente incomprensible por qué el tigre no se había comido el perro, sino que lo arrastraba consigo. Como en respuesta a mis pensamientos, Dersú dijo que no se trataba de un tigre, sino de una tigresa que tenía cachorros. El perro se lo llevaba a ellos. La tigresa no iba a conducirnos a su guarida, sino que nos llevaría por los cerros hasta que nos quedáramos rezagados. No podía discrepar de tales conclusiones.
Cuando decidimos regresar al campamento, Dersú se giró en la dirección por la que se había ido el tigre y gritó:
—¡Amba! Tuya no tiene cara. Eres un ladrón peor que un perro. Mía no te tiene miedo. Te veo otra vez, disparo.
Después se fumó una pipa y regresó siguiendo las huellas dejadas por los esquís.
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
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