lunes, 1 de julio de 2019

Más adelante, una ardilla se dejó ver entre las ramas caídas. Estaba sentada sobre sus patas traseras, tenía el rabo escondido en el lomo y estaba royendo una piña de cedro. Al aproximarnos, la ardilla agarró su captura y corrió hacia un árbol, donde desde lo alto observó con curiosidad a las personas. El solon se acercó al cedro con cautela, a hurtadillas. Dio un grito y golpeó con todas sus fuerzas el tronco con un palo. La ardilla se asustó, dejó caer su piña y se encaramó aún más arriba. Era lo único que quería el solon, que recogió la piña y, sin prestar en absoluto atención al ofendido animalito, continuó su camino. La ardilla saltó de rama en rama y expresó con pequeños resuellos su descontento por el robo a plena luz del día. Nos reímos con ganas. Dersú desconocía este método y también decidió aplicar estas técnicas de los solones para recolectar frutos secos.
—Ahora no te enfades —dijo, dirigiéndose a la ardilla con palabras de consuelo—. Nuestra va abajo, ¿cómo piñones encuentra? Tú mira allí, hay muchos piñones —dijo, mostrando con la mano un gran cedro.
La ardilla pareció entender a Dersú y se dirigió en aquella dirección.

Dersu Uzala - Vladimir Arseniev

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