—¡Cómo! —exclamó—. En el bosque hay mucha. ¿Por qué en vano dinero da?
Riñó al empresario, le llamó «mala gente» y trató por todos los medios de convencerme de que me habían engañado. Intenté explicarle que se pagaba dinero no tanto por la leña como por el trabajo. Pero fue en vano. Dersú no pudo tranquilizarse durante un buen rato y aquella noche no encendió la estufa. Al día siguiente, para no incurrir en gastos, él mismo marchó al bosque a por leña. Lo detuvieron y levantaron acta. Dersú protestó a su manera y armó alboroto. Entonces lo llevaron a la Dirección de Policía. Cuando me informaron de lo sucedido por teléfono, traté de arreglar las cosas.
Por mucho que le expliqué después por qué no se podía cortar los árboles de alrededor de la ciudad, Dersú siguió sin entenderlo.
Aquel suceso le produjo una fuerte impresión. Entendía que en la ciudad había que vivir no como él quisiera, sino como querían los demás. Los extraños lo rodeaban por todas partes, cohibiéndolo a cada paso. El viejo comenzó a quedarse pensativo, a aislarse. Enflaqueció y se acecinó. Incluso parecía mayor.
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
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