Digo yo que nosotros, buenos cristianos presbiterianos, deberíamos ser caritativos en estas cosas, y no creernos tan enormemente superiores a otros mortales, paganos o no paganos, a causa de sus extravagantes pareceres en estos asuntos. Ahí estaba ahora Queequeg, ciertamente sosteniendo las nociones más absurdas sobre Yojo y su Ramadán… pero ¿y qué? Queequeg pensaba que sabía lo que hacía, supongo; parecía estar contento; y que ahí quede en paz. Todo lo que discutamos con él no servirá para nada; dejadle en paz, digo: y que el Cielo tenga piedad de todos nosotros —tanto presbiterianos como paganos—, pues todos en cierto modo estamos terriblemente mal de la cabeza, y lamentablemente necesitamos arreglo.
Moby Dick - Herman Melville
No hay comentarios:
Publicar un comentario