Con gran interés estuve sentado observándole. Aun salvaje como era, y horriblemente desfigurado en el rostro —al menos para mi gusto—, su semblante tenía, no obstante, un algo en sí, que no era en modo alguno desagradable. El alma no la puedes ocultar. A través de todos sus antinaturales tatuajes creí ver las trazas de un corazón sencillo y honesto; y en sus grandes y profundos ojos, de un negro encendido y audaz, aparecían muestras de un espíritu capaz de desafiar a mil diablos. Y aparte de todo esto, había en el pagano un cierto porte noble, que ni siquiera su rudeza podía enteramente invalidar. Parecía un hombre que nunca se hubiera amedrentado y nunca hubiera tenido un acreedor.
Moby Dick - Herman Melville
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