lunes, 22 de julio de 2019

Al recibir de Starbuck la mandarria, avanzó hacia el palo mayor con la herramienta alzada en una mano, exhibiendo el oro con la otra, y exclamando con voz potente:
—Quienquiera de vosotros que me divise una ballena de cabeza blanca, con frente arrugada y mandíbula torcida; quienquiera de vosotros que me divise esa ballena de cabeza blanca, con tres orificios perforados en la palma de estribor de su cola… Fijaos, quienquiera de vosotros que me divise esa misma ballena blanca, ¡ése tendrá esta onza de oro, muchachos!
—¡Hurra! ¡Hurra! —gritaron los marineros, mientras, agitando al aire sus gorros, celebraban el acto de clavar el oro al mástil.

Moby Dick - Herman Melville

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