Al ver que quería arrojarlo todo al agua, Dersú corrió hacia mí, agitando las manos. Su expresión era de alarma. Comprendí que me estaba deteniendo.
—¡No, capitán! ¡No! —dijo él enseguida con temor.
Le di el tizón y el pescado seco. Arrojó lo primero al fuego y lo segundo al bosque. Después se puso el morral y proseguimos nuestra ruta. Por el camino le pregunté por qué no había querido que tirase al agua el fuego y el pescado. Dersú me lo explicó enseguida: al agua se arroja sólo lo que ésta no tiene y al bosque se lanza sólo lo que no hay en la tierra. El tabaco podía tirarse al agua y el pescado a la tierra. Al agua podía tirarse un poco de fuego, sólo una pequeña brasa, pero no se podía echar agua al fuego ni tampoco lanzar un gran tizón al agua, pues de otro modo el fuego y el agua se enojarían. Entonces decidí firmemente no inmiscuirme más en asuntos de esa clase para que a ninguno de los dos, tal como él se expresaba, nos hiciera mal.
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
No hay comentarios:
Publicar un comentario