lunes, 1 de julio de 2019

Al juntar leña vi cómo dormía el solon, completamente apartado del fuego. No tenía manta ni ropa de abrigo; yacía sobre unas ramas de abeto, tapado únicamente con su caftán[118] de género. Temiendo que se fuera a resfriar, empecé a zarandearlo por el hombro, pero el solon dormía tan profundamente que me costó despertarlo. Da Parl se incorporó, se atusó los cabellos, bostezó, se echó de nuevo en el mismo sitio y se puso a roncar sonoramente.
Los udejéis soportan el frío con sorprendente estoicismo. Es una cosa a la que se acostumbran desde la infancia, desde la primera vez que aspiran el aire.

Dersu Uzala - Vladimir Arseniev

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