jueves, 27 de junio de 2019

—¿Adónde va? —pregunté a mis compañeros de viaje.
Entonces Yan Bao me dijo que el viejo había decidido regresar a su patria, reconciliarse con su hermano si es que aún vivía y acabar allí sus días.
Una vez terminó de preparar la talega, el viejo se quitó del brazo izquierdo su brazalete de madera y, entregándomelo, me dijo:
—Toma, capitán, cuídate. ¡Te traerá suerte!
Le di las gracias por el regalo y de inmediato me puse el brazalete, tras lo cual el viejo hizo profundas reverencias a los cuatro costados y se puso a despedirse de las colinas, la fansá y el riachuelo que había aplacado su sed.
Cerca de la fansá había dos alerces y un banquito bajo ellos. Li Tsun-Bin se dirigió a los dos árboles con un discurso emocionante. Dijo que los había plantado con sus propias manos y que se habían hecho grandes. El viejo había descansado muchos años en ese pequeño banco durante el fresco vespertino y justo ahora debía despedirse de él para siempre. Se le saltaron las lágrimas y volvió a hacer profundas reverencias.

Dersu Uzala - Vladimir Arseniev

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