La noche prometía ser fría, por lo que nos afanamos en reunir más leña, un bien que por allí no escaseaba. Sentado junto al fuego, me quedé embelesado mirando a las estrellas. Dersú se hallaba frente a mí, aguzando el oído ante los sonidos nocturnos. Los comprendía, entendía qué era lo que susurraba el arroyo y qué era lo que murmuraba el viento a la hierba seca.
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
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