VOCES (¡Al salir de tu casa para la iglesia, acuérdate que sales como una estrella!) MUJER (Llorando). ¡Acuérdate que sales como una estrella! Así salí yo de mi casa también. Que me cabía todo el campo en la boca. (...) MADRE ¿Sí? ¡Qué hermoso mirar! ¿Tú sabes lo que es casarse, criatura? NOVIA (Seria). Lo sé. MADRE Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancha para todo lo demás. (...) VECINA Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones. MADRE Es verdad… Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (Entre dientes). Félix que llenárseme de cieno la boca (Escupe). Y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar. (...) VECINA Las cosas pasan. Hace dos días trajeron al hijo de mi vecina con los brazos cortados por la máquina. (Se sienta). MADRE ¿A Rafael? VECINA Sí. Y allí lo tienes. Muchas veces pienso que tu hijo y el mío están mejor donde están, dormidos, descansando, que no expuestos a quedarse inútiles. MADRE Calla. Todo eso son invenciones, pero no consuelos. VECINA ¡Ay! MADRE ¡Ay! (Pausa). (...) MADRE Cien años que yo viviera, no hablaría de otra cosa. Primero tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo. Bodas de sangre - Federico García Lorca
jueves, 10 de diciembre de 2015
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