Algunos le miraban al pasar, al hombre tranquilamente sentado al volante de un pequeño automóvil, rodeado de los jirones de su vida invisible como un viejo calcetín (...) Es curioso que te pase lo que te pase, siempre viene alguien a decirte que te vean los dientes o que te cases. Siempre es alguien que no sirve para nada quien te tiene que decir cómo llevar tus asuntos. Como esos profesores de universidad que no tienen donde caerse muertos y te dicen cómo puedes ganar un millón en diez años y esas mujeres que no consiguen pescar marido siempre diciéndote cómo cuidar de tu familia. (...) Pero no es eso. No es el no tenerlos. Es no haberlos tenido nunca yo podría decir Ah Eso Eso Es Chino Yo No Sé Chino. Y mi Padre dijo es porque eres virgen: ¿es que no te das cuenta? Las mujeres nunca son vírgenes. La pureza es un estado negativo y por tanto contrario a la naturaleza. Es la naturaleza quien te hace daño no Caddy y yo dije Sólo son palabras y él dijo Como la virginidad y yo dije no se sabe. No puede saberse y él dijo Sí. Desde el instante en que advertimos que la tragedia es de segunda mano. (...) No es cuando adviertes que nada sirve de ayuda— religión, orgullo, nada— es cuando adviertes que no necesitas ayuda. Dalton Ames. Dalton Ames. Dalton Ames. Si yo hubiera podido ser su madre yaciendo con el cuerpo abierto exaltada riendo, sujetando a su padre con mi mano, conteniendo, viendo, observándole morir antes de haber vivido. (...) Te lo entrego no para que recuerdes el tiempo, sino para que de vez en cuando lo olvides durante un instante y no agotes tus fuerzas intentando someterlo. Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles. El ruido y la furia - William Faulkner
viernes, 12 de junio de 2015
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